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“El Santito" de Campo de Mayo

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Para los que viajan a Campo de Mayo por la línea del tranvía Lacroze, no tiene nada de extraordinario el grito del guarda cuando anuncia la parada: — «¡El Santito!» Y es vulgar también el ver el almacén que, calle por medio, ostenta en la parte superior de la fachada, entre dos ventanas, una hornacina con una virgen. Tal es la fuerza de la costumbre, que hasta los mismos vecinos, no se han preocupado de averiguar el porqué se halla esa virgen colocada allí. Y ésta, no obstante, es célebre en los alrededores. Acuden de las cercanías, tal que a una capilla, creyentes que piden a los inquilinos de la casa, como favor especial, les permitan colocar flores y velas a la virgen, en cumplimiento de promesas hechas en momentos de tribulación. Y lo hacen sin entrar en averiguaciones, ni  preguntar el motivo de la existencia de esa imagen, que es un símbolo en medio de la soledad de esos lugares. Muchos no recuerdan ya la época en que fué colocada, y la superstición lo asigna una antigüedad e...

gracias por nada

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Dos años duró el mandato como concejal de Hurlingham del exsubsecretario de Asuntos Municipales de la Nación, Lucas Santiago Delfino. En estos días pidió licencia para hacerse cargo de un puesto en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires que gobierna El Señor de las Veredas. Fueron 24 meses llenos de nulidad, pletóricos de carencia, repletos de ausencia, rebosantes de nada. Uno trata de recordar alguna propuesta memorable, pero dicen los que frecuentan el Concejo Deliberante que a duras penas se conoció su voz en el recinto. Pero yo sí recuerdo sus risas - al estilo de los nenes rebeldes del grado que se amontonaban en el fondo del aula - cuando se burlaban de las respuestas de los funcionarios municipales en ocasión de realizarse la Audiencia Pública por el Código de Ordenamiento Urbano. Fue inolvidable el papel lamentable de su estrategia de comunicación digital. Luego de haber comprado miles de cuentas en las redes sociales, la falta de presupuesto adecuado, o tal vez la escasez de...

Fabuloso plano de Hurlingham de 1908

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una suzuki amarilla

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Capaz no sean los nombres correctos, la esquina exacta, la fecha real. Los recuerdos suelen venir con espacios en blanco y los completamos con otros recuerdos más convenientes, o con sueños, o los ajustamos a la necesidad de fabricar una historia. Nos habíamos mudado a Hurlingham hacía pocos meses. Las noches eran frescas, oscuras y peligrosas. Todas las calles desde Bustamante hacia la periferia eran de tierra. Cada tanto pasaba algún coche, despacito, levantando polvareda. Uno que sí recorría el barrio todas las tardes era el Perro, en su moto Suzuki amarilla. Era un dealer de poca monta, pero paraba en la esquina de Alsina y Malaspina junto con una bandita que era el terror de las señoras del barrio que iban a comprar a lo de Castillo, o iban a la misa de Virgen de la Esperanza. El Perro tenía un hermano, el Ñaca, feo como una desgracia, as del manubrio y el tetra, que iba en bici de almacén en almacén stockeandose de Viñas Riojanas. También tenía un pibe que vivía en la co...

Hurlingham, década del 30

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Un Hurlingham irreconocible, a fines de la década del 30. Una Goodyear recién inaugurada a la izquierda y una escuela 10 notable a la derecha

Dormidos

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Pasan los años, las décadas, los discos de recopilaciones de temas de Divididos, los festivales de Cosquín con tipos disfrazados de gauchos, y todavía hay gente que cree (y quiere hacer creer) que la identidad de Hurlingham se relaciona con ingleses, caballos y algún tono de verde. Es cierto que una asociación un poquito ilícita de gerentes de los ferrocarriles británicos se dedicó a fines del siglo XIX a hacer negocios en su tiempo libre: compraron por moneditas terrenos por donde sabían de antemano que iba a pasar el Ferrocarril Buenos Aires al Pacífico que ellos mismos estaban construyendo. Armaron un club que sonaba aristocrático y lujoso, instalaron una estación de su ferrocarril con el mismo nombre británico y pusieron un hipódromo para ganar platita, pero la plata grande venía por el lado del negocio inmobiliario. Ya había pobladores en este barrio en las cercanías del tranvía Lacroze, pero como suele suceder con los ocupadores, ignoraron a los que estaban desde hacía 40 ...

agua

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mapa de hurlingham si la temperatura global sube 4º. lo celeste es agua, pero bien podría ponerse marrón Salir a la vereda cuando terminaba de llover era una aventura que desafiaba a la vieja y al fresquito. Ahí nomás, el torrente del agua podrida, antes un escuálido arroyo y ahora un bravo Paraná. La misión era asomarse desde la altura del cordón de la vereda, agacharse, y con la delicadeza de un ninja, colocar nuestro barquito de papel, siempre con la proa hacia la corriente. Después, a trotar por el cordón para ver hasta dónde llegaba el barquito. A veces sorteaba arrecifes de piedras o montoncitos de hojas viejas, pero indefectiblemente terminaba en el desagüe que estaba en la esquina antes de llegar a la avenida. Y el barquito se hundía en las profundidades, acompañado de un "fuaaaaaa" Escenas de los tiempos heroicos, cuando las lluvias eran más o menos normales, y uno vivía por barrios que ya no existen, antes del exilio hacia la periferia conurbana, sitios don...